miércoles, 31 de diciembre de 2014

CAMPAMENTO DE INVIERNO

Y desde mi cuarto vi que te marchaste entre el bosque y me sentí sola. Amanecí con una melodia de una trompeta desafinada, todo se lleno de sorpresas y decidí salir al encuentro cuando apenas tenia 8 años, así cada verano volvia y empacábamos sabanas, raqueta, impermiable, linterna, hasta el cepillo de dientes tenia mi nombre, hojas y sobres para escribir mis aventuras a Mexico.

Fue genial descubrir unas vacaciones con tantas niñas y ni un solo Papa. Aprendí a esconderme en los lockers; a contar la distancia que había entre nosotras y los rayos que caían sacudiendo la cabaña en las noches de tormentas, era mas emocionante que contar borregos para dormir. A jugar futball en los pasillos de la biblioteca donde la portería era un falso plafond que duro hasta que prendimos la alarma con un gol. Supe a que olía el mar con focas y probé los mas exquisitos smors alrededor del fuego, cantos y guitarras. Paso el tiempo y aprendi a jugar billar, fumar en medio del lago en un velero sobrecargado de chicas en pleno Domingo. En un año gane todas las medallas de altetismo y al año siguiente apenas pude terminarlas, aprendí a bailar merengue y a hablar mi ingles. Me hice buena para tener amigos en 2 meses y mala para olvidarlos así que allí comencé a escribirles.

Ahora me explico como puedo vivir de campamento tan agusto, cuando siempre he vivido en la ciudad, los campamentos me dieron todas las hermanas que quise, me dejaron ser yo, fuera de los míos y repetir 10 veranos esta historia ha sido suficiente para recordarla y sentirla familiar. Me instale en el bosque y este me dejo ver lejos, aunque el campamento sea de invierno, me calienta la misma emoción de salir afuera todos los días, vivo entre los pinos que se acercan a las estrellas de noche y se duermen en el silencio del día. El Guajolote del rancho me enseño que no hay necesidad de llamar la atención, que es mejor usar esas plumas tan bonitas para acercarlas al corazón que danzando llego, llorando imploro y kakaraqueando lo vi acercarce al sol.

En esta montaña las nubes se despiertan en las faldas como bagones de tren que quieren algún día volver; viajan constantemente, llegan nuevos aires, se levantan y se van. Los que nos quedamos, somos ya una familia. Pero a mi me a dado por sembrar, construir y cocinar. Aún con las manos frías, la pasión por descubrirte me ha encendido y tu presencia sobrepasa toda necesidad, Jeshua Bienvenido, tu eres un Dios vivo, la luz en este mundo.

Juan 8:12 Otra vez Jeshua les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.

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